Hace ya más de cuatro años cuando las máquinas inrumpieron en el medio de Cigudosa. Previamente, el Estado español expropió forzosamente terrenos para la construcción del pantano. Algunos terrenos que a primera vista no están influenciados por dicha construcción, pero es forzoso.
Tras unos meses de destrucción de la orografía, junto con la deforestación de preciosas choperas a lo largo del río Alhama, al igual que la pérdida de terrenos de labranza, esta obra se paró. La primera razón: falta de fondos. La segunda, el terreno era muy permeable y los cimientos no asentaban.
¿Acaso no hubo ingenieros, especialistas que hicieron un estudio previo? Hoy es vergonzoso como están los montes, la cicatriz de la herida hecha a la madre Naturaleza aún está abierta y sangra, pero no podemos hacer nada por ello, tan solo manifestarnos. Unirnos bajo una misma voz e intentar que no se repita en un futuro.
Todavía se cierne sobre Cigudosa la sombra de la inquietud de que en qué momento volverán las máquinas de hierro y acero frío sin sentimientos a romper la tranquilidad y la paz que en Cigudosa existe. Todavía existe miedo y desconfianza.
No somos nadie en un mundo gobernado por intereses de alguien que se sienta en un despacho ajeno a la auténtica realidad. No somos nadie en su mundo, pero en Soria, en Cigudosa, somos nombres y apellidos, hermanos y amigos, y eso ya es mucho.
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